Santacroce y un gabinete de acero: Un respaldo monolítico para blindar el modelo Funes frente al asedio de la vieja política
Redacción Funes 24
¿Usted vio lo que está pasando en Funes? Pero mírelo bien, sin el filtro de la propaganda ni el del resentimiento. Porque lo que ocurrió esta semana es un fenómeno político que merece, al menos, dos minutos de neuronas conectadas. El gabinete de Roly Santacroce cerró filas. Y no fue la típica foto de familia para simular unidad; fue un mensaje con destinatario preciso hacia las usinas de rumores del peronismo santafesino que no tolera el éxito ajeno.
Ahora, la cuestión que usted se tiene que plantear, no es si se quieren mucho entre ellos. Lo que hay que analizar es el blindaje. En una provincia que camina a paso de tortuga, Funes vuela. Y en la política argentina, al que vuela, le tiran a las alas. Es el deporte nacional de los mediocres: si no puedo ser como vos, te rompo el juguete.
El gabinete en la trinchera: Gestión contra supervivencia
Mirá esto, es increíble. El equipo de gobierno salió a decir: "Muchachos, no nos distraigan con chicanas de comité porque estamos ocupados gestionando la mejor ciudad de la provincia". Suena fuerte, ¿no? Pero fíjese los números que respaldan ese orgullo:
El contraste que duele: Mientras en otros distritos el gran "logro" es pagar los sueldos a tiempo, en Funes el gabinete muestra inversión privada récord y una seguridad que no es un eslogan de campaña. Ese éxito es un espejo donde la vieja política de Santa Fe —esa que arrastra años de desgaste electoral— simplemente no se quiere mirar.
El asedio de los "operadores": A Santacroce le tiran de todos lados. De afuera, de adentro y de los que están en el medio. ¿Por qué? Porque el modelo de gestión funense rompe el manual del peronismo de la derrota. Demostraron que se puede hablar con el privado, con el campo y con el vecino sin que se te caigan los anillos.
La política del resentimiento frente al "hacer"
Piénselo bien. Lo que el gabinete está defendiendo con este respaldo no es solo a un intendente; es una forma de hacer las cosas que dejó en evidencia la parálisis del resto. Si el equipo de Santacroce se tiene que plantar frente a "operaciones políticas", es porque del otro lado no hay ideas, hay palos en la rueda. Es la vieja historia: si mi jardín está seco, le tiro sal al tuyo para que no brille tanto.
"Funes no se distrae con maniobras de quienes ya no tienen nada para ofrecer", sentenciaron los funcionarios. ¡Qué síntesis! Es la respuesta del que hace frente a la bajeza del que opera desde la oscuridad de un despacho en la capital provincial.
La guardia pretoriana de la eficiencia
Lo que el gabinete está haciendo es un blindaje preventivo. Al respaldar a Santacroce e identificar a los responsables de las maniobras, están marcando una frontera moral y metodológica. Le están diciendo a la vieja política: "Vuelvan a sus internas estériles de café, acá en Funes estamos demasiado ocupados cuidando lo que construimos".
Es fascinante, de verdad. En una provincia que se desangra por falta de rumbo, el "problema" para algunos parece ser que a una ciudad le vaya demasiado bien. Santacroce logró que su equipo no solo sea administrativo, sino una muralla política. Se transformaron en los custodios de una gestión que, hoy por hoy, es la única buena noticia que tiene el peronismo en la región.
¿Viste? Mientras a Santacroce le disparan de todos los flancos, él y su gabinete caminan la ciudad que hoy es el aspiracional de todos los santafesinos. Al final, la política se divide en dos: los que dan resultados y los que dan explicaciones. Y en Funes, las explicaciones hace rato que dejaron de ser necesarias.
Piénselo. Chau.


