
El método Funes: ¿podría funcionar en toda la provincia?
Redacción Funes 24
Durante años, Funes fue la ciudad dormitorio de Rosario. Un lugar elegido para vivir tranquilo, tener verde y estar cerca de la gran ciudad.
Eso cambió.
El Censo 2022 registró 38.390 habitantes, un 63% más que en 2010. Hoy, el Municipio estima entre 60.000 y 70.000 residentes estables.
Pero hay una diferencia fundamental: crecer no es desarrollarse.
Funes tuvo condiciones extraordinarias a su favor: ubicación, autopista, cercanía con Rosario y un fuerte boom inmobiliario. Ninguna gestión municipal puede atribuirse eso.
La discusión interesante empieza después: ¿qué se hizo con esa oportunidad?
Y ahí aparece lo que empieza a definirse como el método Funes.
La primera decisión fue ordenar las cuentas. Desde 2019, con Santacroce al frente de la gestión, la ciudad alcanzó siete años consecutivos de equilibrio fiscal, según los balances municipales. En ese período, la inversión en obra pública pasó del 2,6% al 12,3% del presupuesto y las erogaciones de capital crecieron del 4% al 18,4%.
La segunda fue sumar al sector privado al desarrollo de la ciudad. Urbanizadores, comerciantes y empresarios comenzaron a participar en obras e infraestructura que el Municipio difícilmente hubiera podido afrontar por sí solo.
Y la tercera fue entender que gestionar también es dialogar. Articular con distintos niveles del Estado, aun cuando gobiernen fuerzas políticas diferentes, para transformar necesidades en obras concretas.
El Centro de Distribución Oeste de agua potable es probablemente el ejemplo más claro: una obra proyectada para beneficiar a más de 33.000 habitantes que requirió proyecto, financiamiento y coordinación entre distintos actores.
A eso se sumaron la ampliación del hospital SAMCo Eva Perón, nuevas escuelas, redes de gas y cloacas, pavimentos, accesos e infraestructura de seguridad.
Lo que une todo eso es una lógica: ordenar, priorizar, conseguir recursos y ejecutar.
Pero había otro desafío: que el crecimiento no dependiera eternamente del ladrillo.
Ciudad Industria, con 260 hectáreas sobre la autopista Rosario-Córdoba, apunta a sumar empresas, producción, logística y empleo a una economía históricamente impulsada por el desarrollo inmobiliario y los servicios.
Es una apuesta cuyo resultado deberá medirse con empresas instaladas y puestos de trabajo efectivamente creados. Pero la dirección es clara: aprovechar una etapa de crecimiento para construir una economía más diversificada.
Hay, además, un dato externo que permite sacar la discusión del terreno exclusivamente político.
El ICV-50, elaborado por el investigador Néstor Javier Gómez, de la Universidad Nacional del Litoral y el CONICET, comparó las 50 ciudades más pobladas de Santa Fe mediante indicadores de salud, educación, vivienda y servicios. Funes obtuvo el mayor índice de calidad de vida de la provincia.
El estudio no evalúa exclusivamente una gestión municipal ni atribuye ese resultado a una sola administración. Muchas de las condiciones que explican la posición de Funes fueron construidas durante años.
Pero el dato aporta una referencia concreta para analizar qué ocurrió mientras la ciudad atravesaba una expansión demográfica extraordinaria.
¿Puede escalar?
Copiar Funes sería un error.
Santa Fe tiene ciudades industriales, portuarias, agropecuarias, turísticas y grandes centros urbanos. Rosario no necesita lo mismo que Reconquista, y Rafaela tiene desafíos diferentes a los de Villa Constitución.
Por eso, el método está en la secuencia.
Ordenar las cuentas. Definir prioridades. Articular al Estado con el sector privado. Dialogar con distintos niveles de gobierno. Conseguir recursos. Atraer inversión. Y convertir esas oportunidades en infraestructura y desarrollo. Esa es, en esencia, la lógica que plantea la experiencia de Funes.
Santacroce gobierna Funes desde 2019. Ese es su antecedente. Y es el que pone sobre la mesa.
Llevar esa experiencia a una escala mayor implicaría poner a prueba la misma lógica frente a realidades económicas, sociales y productivas muy diferentes.
La pregunta de fondo, entonces, es si una forma de gestionar que produjo resultados en una ciudad puede adaptarse y funcionar en toda una provincia.
Funes ya mostró que la secuencia funciona en una ciudad. Lo que falta saber es si alguien está dispuesto a probarla en toda la provincia.




